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Los vikingos: ¿fundadores de Rusia?

En el siglo VIII, un reino fuerte centrado en torno a Uppsala, Suecia, realizó la primera de una serie de incursiones hacia el Báltico oriental. En los 50 años posteriores, se establecieron dos asentamientos suecos en lo que es, actualmente, Letonia y otro en Apulia, actual Lituania. A pesar de que estos pueblos se establecieron sólo como factorías, fueron el punto de partida de la expansión y conquista vikingas en el extremo sur.

A comienzos del siglo IX, densos bosques separaban la costa báltica del Mar Negro y de Asia central, que en esa época estaban dominados por dos grandes imperios comerciales. Por un lado, el califato árabe, con Bagdad como su capital, controlaba todo el comercio al sur del Cáucaso, incluidas las rutas de las caravanas hacia China y el Extremo Oriente. Por el otro, el Imperio Bizantino, con su capital en Constantinopla (actual Estambul) controlaba el Mar Negro y Europa suroriental.

Para los comerciantes emprendedores y aventureros entonces sólo existían dos rutas posibles hacia el mar desde la costa báltica: una por el río Dniéper hacia Constantinopla, y otra por el río Volga hacia el Mar Caspio y Bagdad. Las evidencias arqueológicas y escritas indican que los vikingos suecos utilizaban ambas rutas hacia fines del siglo IX.

Expansión Vikinga

La Crónica Primaria Rusa, conocida también como la Crónica de Néstor, describe los orígenes y crecimiento de Rusia hasta el siglo XII. Menciona que las familias reales de Novgorod y Kiev fueron fundadas por escandinavos, y existen evidencias tangibles que apoyan esta idea. Sin ir más lejos, los arqueólogos que excavaron al norte de Rusia, en Staraya Ladoga, han encontrado los restos de una colonia sueca. Sus excavaciones han demostrado que los suecos vivieron allí desde comienzos del siglo IX hasta mediados del siglo XI en un pueblo emplazado en una ubicación privilegiada para acceder desde él a las dos importantes rutas hacia el comercio del sur.

Otra fuente escrita comprueba la existencia del reino septentrional de “rus”, ya en el año 839. También indica que los “rus”, aunque no eran suecos, eran de “origen sueco”. Inscripciones y restos arqueológicos en Suecia confirman la existencia de fuertes vínculos con Kiev y Constantinopla, al tiempo que nombres escandinavos comenzaron a aparecer en las regiones eslavas durante el siglo IX: Helgi cambió a Oleg, Valdemar se transformó en Vladimir, Ingvar en Igor, y así sucesivamente.

Entonces, ¿Rusia fue fundada por vikingos suecos? Probablemente no como tal, pero casi con certeza se puede afirmar que los vikingos fundaron un gran número de pueblos en Rusia y Ucrania, incluyendo Novgorod, Izborsk, Polotsk, Smolensk, Murom, Rostov, Chernigov y Kiev.

Fuente: SobreHistoria

Gutenberg: la primera revolución informática

En la ciudad alemana de Maguncia, en la ribera oeste del río Rin, fue encontrado muerto, en febrero de 1468, un personaje desconocido. Durante algunos años este anciano indigente y medio ciego recibió una asignación de ropas, granos y vino del gobernador local que tenía su sede justo al otro lado del Rin, en Wiesbaden. Muy pocas personas recordaban quén era o lo que había logrado. Se llamaba Johannes Gutenberg y era el padre de la imprenta moderna.

J. Gutenberg

Johannes Gensfleisch zur Laden zum Gutenberg nació en el seno de una familia patricia de Maguncia, tranformándose en orfebre y trabajador del metal. Más tarde se hizo miembro del gremio de los orfebres de Estrasburgo, que era entonces una ciudad del Imperio Alemán. Allí fue donde comenzó a trabajar en un sueño extraño y muy costoso, que lo obsesionaba: encontrar un método para imprimir los manuscritos medievales que los monjes hacían cuidadosamente a mano, sin abandonar su sublime diseño ornamental.

Después de veinte años de intentos, Gutenberg había logrado diseñar varias innovaciones que le permitieron lograr su sueño de producción en masa: los tipos de impresión móviles, la prensa de impresión eficiente (supuestamente inspirada en la observación de cómo trabajaba una prensa para vinos), la tinta para impresión en base de aceite, y el uso del papel barato. Estas técnicas eran desconocidas en las imprentas existentes de Europa, y escasamente utilizadas en China, mientras que no fueron reemplazadas sino hasta el siglo XIX.

En 1455, Gutenberg produjo su primer libro impreso. Como no podía ser de otra manera, se trataba de una copia de la Biblia hermosamente ilustrada, y fue una edición de 200 ejemplares. Como puede verse en la imagen del Libro del Génesis perteneciente a la tirada de Gutenberg, la copia impresa  a simple vista no presenta diferencia alguna con los manuscritos iluminados de la época.

Libro del Génesis de la Biblia de Gutenberg

Sin embargo, para esa época Gutenberg mantenía importantes deudas con su socio en la empresa, Johann Fust, quien había invertido en la aventura y estaba impaciente por obtener las ganancias. Fust llevó a Gutenberg a los tribunales y ganó su demanda, obteniendo el control de todo el equipo impresor de Gutenberg, incluyendo los tipos de la famosa Biblia de 42 líneas o Mazarinos.

Así Gutenberg enfrentó la ruina financiera. Sin embargo, para el año 1500, 250 ciudades europeas ya contaban con imprentas. La genialidad de Gutenberg logró alterar el curso de la historia y sentó las bases para la primera revolución a gran escala de la información.

Fuente: SobreHistoria

La exploración de los extremos terrestres:
El Polo Sur

“Nunca he conocido a nadie que se haya visto tan diametralmente enfrentado a sus deseos. Desde niño he soñado con llegar al Polo Norte, y heme aquí en el Polo Sur”. R. Amundsen.

R. Amundsen

La expedición que hizo Roald Amundsen al Polo Sur fue todo un éxito gracias a la previsión y la preparación del noruego, más que de su extraordinaria pericia en supervivencia y navegación.

Además de recorrer, sin incidentes, 2.976 km a pie con su equipo de cinco hombres desde la bahía de Gales (su punto de arranque en el Atlántico) realizó el viaje de vuelta sin retrasarse. Los hombres estaban tan bien equipados que incluso ganaron peso durante el viaje de cuatro meses por los peligrosos glaciares y montañas, en temperaturas tan bajas como -24° C.

Como él afirmaba, alcanzar el Polo Sur supuso una ironía personal para Amundsen. Se había obsesionado con el Polo Norte desde su infancia y había navegado en el Estrecho del Noroeste en 1906. Sin embargo, Robert Peary se le adelantó cuando reclamó haber llegado al Polo Norte en 1910. De modo que, cuando oyó la noticia, Amundsen cargó su barco con 19 hombres, 97 robustos perros de trineo, cuatro cerdos y seis palomas y puso rumbo hacia el otro polo de la Tierra.

La salida de Amundsen provocó una competencia feroz con el explorador británico Robert Falcon Scott, que ya estaba en camino hacia el Polo Sur. Pero las precauciones del noruego fueron mayores, y también eligió usar perros en lugar de ponies, por los que optó fatídicamente Scott. Respecto a los animales, muchos fueron sacrificados y cruelmente tratados durante esta ambiciosa y caprichosa exploración humana. Los miembros de la exploración de Scott, no sufrieron un destino diferente al de los pobres animales: todos murieron lenta y dolorosamente en el viaje de regreso, luego de haber alcanzado el Polo Sur 36 días después que Amundsen, quien amablemente les había dejado una nota:

Querido Comandante Scott:

Como Vd. será probablemente el primero en llegar aquí después de nosotros, ¿puedo pedirle que envíe la carta adjunta al Rey Haakon VII?. Si los equipos que hemos dejado en la tienda pueden serle de alguna utilidad, no dude en tomarlos. con mis mejores votos, le deseo un feliz regreso.

Sinceramente suyo.

Roald Amundsen“.

Llegada al Polo Sur

Así, Amundsen y sus cuatro compañeros llegaron al Polo Sur el 14 de diciembre de 1911. Establecieron la locación del Polo a través de las mediciones adecuadas y luego colocaron sus puños alrededor de un asta con la bandera noruega plantándola en señal de un triunfo bastante sombrío.

Fuente: SobreHistoria

La exploración de los extremos terrestres:
El Polo Norte

Después de que Henry Hudson intentara encontrar el paso noroeste a través del norte de América, los exploradores se empecinaron en alcanzar la cima del mundo. Tres siglos más tarde, el reto parecía repentinamente urgente. El número de regiones inexploradas de la Tierra iba disminuyendo, y nada había más remoto que las zonas polares. Era una cuestión de gloria, tanto nacional como personal; aunque plantar una bandera en el hielo no reportara beneficio material a un país, el valor del prestigio era incalculable.

Peary

La primera conquista de tales características tuvo lugar en 1909, cuando el comandante de la armada estadounidense Robert E. Peary arribó al Polo Norte, o llegó lo suficientemente cerca como para satisfacer a la mayoría de los expertos.

Peary, de 52 años, se había obsesionado con el Polo durante dos décadas. En 1880, como ingeniero civil, había explorado Groenlandia dejando establecido que se trataba de una isla. Sin embargo, Peary deseaba el tipo de conocimiento que le permitiera ser admitido en los “círculos de cultura y refinamiento de todas partes”, como escribió alguna vez a su madre.

Sus dos primeras expediciones polares (1898-1902 y 1905-1906) fracasaron y le costaron ocho dedos de los pies, aunque le proporcionaron valiosos conocimientos sobre los trineos, los perros, la ropa y el racionamiento de alimentos. Pocos hombres estaban tan bien preparados como él para explorar los hielos septentrionales.

A mediados de 1908, Peary se dirigió al norte nuevamente, y el 6 de abril del año siguiente, tras un difícil viaje de 36 días, aparentemente alcanzó su meta. Lo acompañaban cuatro esquimales y su ayudante afroamericano, Matthew Henson. Pero algunos estudiosos opinaron lo contrario: no había alcanzado el Polo, y lo sabía.

El debate empezó a encenderse incluso antes de que retornara, cuando un antiguo socio reclamó haber alcanzado el Polo Norte en abril anterior. Si bien fue pronto desacreditado, el mismo Peary quedó bajo sospecha: la documentación crucial de su viaje había desaparecido, no se habían realizado importantes mediciones y el viaje parecía tremendamente corto.

Bandera estadounidense

La National Geographic Society y un comité del Congreso aceptaron su demanda, y Peary se convirtió instantáneamente en una celebridad. No obstante, la controversia sigue aún viva, y cada parte presenta periódicamente nuevas “pruebas”.

Sin duda, Peary llegó a una distancia de unos 100 km del Polo Norte. En 1989, la National Geographic Society concluyó que el norteamericano había llegado a, por lo menos, 8 km del Polo Norte, pero las evidencias fotográficas en las que basaron sus conclusiones siguen sin acceso a una segunda investigación.

Lo cierto es que dos años después de que Peary afirmara haber descubierto el Polo Norte, Roal Amundsen plantaba la bandera noruega en el otro extremo del mundo, dando prácticamente por concluida la exploración terrestre.

Fuente: SobreHistoria

Stonehenge podría haber sido… de todo

Stonehenge es uno de los monumentos prehistóricos más famosos, y uno de los que más ha hecho hablar no sólo a los arqueólogos, sino a todos los aficionados al esoterismo, a la magia, y a los mitos y leyendas.

Stonehenge

Imagen por Rob Ball

Stonehenge es un conjunto de piedras erectas ubicadas en Wiltshire, en Gran Bretaña, a unos trece kilómetros al norte de Salisbury. Lo que lo convierte en un sitio tan interesante es la configuración que tienen estas rocas. Son un conjunto de dos rocas rectangulares erectas, con otra encima, que entre todas forman un gran círculo.

Se cree que fue construido hace 5500 años, si bien el que vemos actualmente no fue la única estructura lítica del yacimiento.

Stonehenge

Imagen por tj scenes

Durante muchos años se ha creído que Stonehenge era una especie de observatorio astronómico prehistórico, pero los últimos estudios que se han realizado allí, parecen indicar que sirvió como un cementerio desde sus inicios.

Esto se supo porque han podido datar restos cremados de funerales que tuvieron en el lugar, y tienen una antigüedad de 5000 años, y al parecer se siguió realizando durante 500 años, justo se dejó de hacer cuando se construyó el monumento. Por lo que se cree que sería un monumento funerario a esa clase real. Los arqueólogos creen que en el lugar hay unas 240 personas enterradas, pertenecientes a distintas épocas, todas incineradas previamente.

Pero antes de estos últimos descubrimientos, se habían tejido decenas de teorías sobre qué era Stonehenge y por qué y para qué lo habían construido.

Teorías sobre Stonehenge

Los primeros historiadores en ocuparse del asunto, prestaron atención y fueron influenciados, por relatos folklóricos y sobrenaturales. Había leyendas de que Merlín el mago había construido semejantes estructuras, y que incluso las había transportado desde el monte Killaraus en Irlanda. También fue “acusado” el Diablo, de haber construido el monumento.

Merlín y StonehengeEl primero en escribir sobre el monumento fue Enrique de Huntingdon en el año 1130 más o menos, y al poco tiempo Godofredo de Monmouth también habló sobre él y lo vinculó con el mito del rey Arturo.

Ya para 1655, John Webb, dijo que podría tratarse de un templo romano, al menos se estaba comenzando a hablar de períodos históricos y no legendarios. Luego se dijo que los germanos eran sus creadores, y hasta bien entrado el siglo 19 se creía que los sajones eran quienes lo habían construido.

Si bien antes ya se había dicho que podría ser obra de los druidas celtas. Fue John Aubrey, quien popularizó la idea, e incluso fue quien primero realizó un dibujo a escala del monumento. Y fue el primero en decir que el monumento podría tener un significado astronómico, de acuerdo a la forma y ubicación de las piedras.

 

Ya en el siglo 19, John Lubbock atribuyó la obra a la Edad de Bronce, gracias a objetos de bronce descubiertos en las cercanías.

Pero el debate pronto comenzó a darse en torno a la función del monumento, si se trataba de un observatorio astronómico con fines científicos o con fines religiosos. Ya se habían realizado muchos estudios con respecto a la forma en que se podía seguir la luna y el sol de acuerdo a cómo se miraba desde distintas partes de Stonehenge.

La mayoría de las primeras toerías rondaban en torno a un culto astronómico, como función y motivación para la construcción del monumento.

Pero ya en 1906, Joseph Norman Lockyer, estableció que podría tratarse de algo práctico. O sea, era un gigantesco calendario, que servía para conocer fechas, como por ejemplo la época de la cosecha, de la siembre, etc. Y por qué no, también fechas religiosas.

Ya en la modernidad, se mantuvo la interpretación astronómica y de monumento religioso, a la vez que aparecieron teorías locas como la de Erich Von Daniken, que decía que lo habrían construido paleoastronautas, como una marca para aterrizaje de naves extraterrestres. Se hicieron estudios numerológicos, geománticos, y se “descubrieron” infinidad de poderes provenientes del sitio y de sus piedras.

Pero lo cierto es que tal vez nunca se sepa el verdadero significado de Stonehenge, ya que no quedó material escrito ni oral que nos de a conocer la función del monumento. Si bien ahora se sabe que habría sido utilizado como monumento funerario, uno se pregunta por qué semejante distribución, cuando en la época se solía utilizar otro estilo de monumentos más sencillos.

Tal vez las nuevas excavaciones que se están realizando actualmente, nos ofrezcan por fin una respuesta definitiva.

Stonehenge

Imagen por Lawrie Cate 

Fuente: SobreHistoria

Lawrence de Arabia, el historiador rebelde

El soldado y escritor Thomas Edward Lawrence tuvo varios nombres, pero la historia lo recuerda como Lawrence de Arabia. Su famosa actuación en Arabia empezó en 1916 cuando Husayn ibn Ali, emir de la Meca, proclamó una revuelta árabe contra el Imperio Otomano a cambio de garantías británicas para expandir el reino.

Al comenzar la Primera Guerra Mundial, Lawrence, oficial de  informaciones británico de 28 años, se convirtió en el enlace entre el ejército inglés, para aquél entonces involucrado en su propia lucha contra el Imperio Otomano, y Faisal, el hijo de Husayn, que encabezaba una fuerza rebelde.

Lawrence de Arabia

Lawrence había aprendido árabe durante las excavaciones arqueológicas que realizó mientras estudiaba Historia en Oxford y sentía una admiración romántica por los árabes. Su tesis de licenciatura ya versaba sobre los aspectos militares de Las Cruzadas, y la importancia de la cultura árabe durante el período medieval.

Después de vestirse al estilo árabe, los beduinos lo aceptaron como uno de ellos y pronto, según explica en su libro Los siete pilares de la sabiduría (1926), transformó un grupo de hombres pertenecientes a grupos étnicos diversos en su fuerza guerrillera eficazmente unida. Se convirtió en el estratega principal de todo el ejército rebelde.

Durante un tiempo consiguió que los jefes árabes, pendientes de sus propios intereses, compartieran su visión de una nación árabe unificada y persuadió a los comandantes británicos de que lo apoyaran. Las buenas intenciones de Lawrence inspiraron a sus hombres, y él mismo lucho incluso luego de ser forzado por soldados turcos.

O eso dijo él. La veracidad de sus memorias, una mezcla extraña y poética de glorificación y degradación personal, sigue siendo dudosa. Lo que es incuestionable es su papel crucial en la expulsión de los turcos de Siria y del oeste de Arabia. Rechazó una medalla del rey Jorge V, pero durante un breve período prestó sus servicios a Winston Churchill como consejero de asuntos árabes cuando aún era ministro de las colonias.

En los años veinte, tras ejercer presiones a favor de la independencia árabe sin éxitos, se alistó bajo un seudónimo como soldado raso en la Fuerza Aérea británica y en el cuerpo de tanques. Murió en 1935, tras sufrir un accidente en su motocicleta en su hogar de Inglaterra.

Husayn también falleció sin gloria. Reinó sobre Hejaz hasta 1924, cuando Saud conquistó la región y lo obligó a exiliarse a Chipre. Sin embargo, sus hijos Faisal y Abdullah, se convirtieron en reyes, Faisal en Iraq y Abdullah en lo que hoy es Jordania, donde la dinastía Husayn todavía gobierna 90 años más tarde.

Fuente: SobreHistoria

La Ciencia de los Mayas

Los griegos de la América prehispánica. Así se los llama con cierta razón, pues los pueblos mayas fueron capaces de trascender las necesidades inmediatas desarrollando habilidades y conocimientos cuyo nivel sorprende aún.

Calendario Maya

Los más valiosos campos de este saber se hallan en las matemáticas y la astronomía. Gracias al perfeccionamiento de un sistema calendárico exacto, tanto en la medición del ciclo solar como del lunar, los mayas alcanzaron lo que se puede considerar el mayor grado de desarrollo astronómico y científico de toda la América precolombina.

Para entender la trayectoria de los astros, los sacerdotes se sentaban cada día en lo más alto del templo y fijaban la vista durante largo rato en el horizonte. Con este método, y utilizando un simple palo perpendicular al suelo, lograron definir el paso del Sol por el cenit, pues al encontrarse el astro en su punto más alto, el palo no proyectaba sombra.

Que el Sol se sitúe exactamente sobre nuestras cabezas es un caso excepcional que sólo ocurre en determinados lapsos del año, y dependiendo de la zona. Para la península de Yucatán el suceso transcurre dos veces: entre el 15/16 de mayo y entre el 25/26 de julio.

Por su fuerte presencia, el paso cenital era de gran interés para los antiguos mayas de la península, y marcaba fechas determinantes. Esto no es un dato menor: el calendario en las civilizaciones antiguas fijaba las actividades de la sociedad, basadas en la agricultura y las estaciones del año. De él dependía la vida cotidiana de toda la población.

Específicamente, los mayas establecieron un ciclo solar de 365 días, y otro lunar, de 295 días, lo que no constituye una gran diferencia con el calendario gregoriano. Su precisión se basa en una serie de días continuos que parten de una fecha inicial precisa (día cero): el 12 de agosto de 3113 a.C.

La matemática fue una importante herramienta para el sistema celandárico. En sus calendarios, las anotaciones numéricas se escribían mezclando números con glifos. Los números iban del 0 al 19 y se representaban utilizando una concha (para el 0); puntos o círculos para los números del 1 al 4; y barras, que representaban períodos de 5 días. De esta forma, los mayas escribían números.

Sistema numérico maya

Pero la genialidad de la matemática maya, además de la sencillez de su sistema numérico vigésimal, residió en la creación del cero, concepto que por varios siglos desconocido por otras culturas y que, en el área de las ciencias exactas, colocó a los científicos mayas en la vanguardia intelectual del mundo prehispánico.

Por otro lado, el invento del calendario maya no hubiera sido posible sin el estudio de los cielos. A ello se abocaron el grupo de élite sacerdotal, formada por verdaderos astrónomos que observaban el cielo con nada más que sus ojos. Venus fue uno de los astros más importantes para los mayas, y de la posición de este planeta dependieron muchas de las guerras y sacrificios del período Posclásico. Los mayas también veneraron lo que nosotros llamamos Vía Láctea, conocida por ellos como el Arbol del Mundo, y representada por un gran árbol floreciente, la ceiba, de la cual provenía toda la manifestación de vida (en una metáfora no muy diferente al “camino de leche” de los griegos).

Chichén Itzá y la serpiente de luz

Pero la atención de los astrónomos mayas volvía una y otra vez hacia el Sol, lo que los llevó a rastrear el camino de la estrella a lo largo del cielo. En el arte maya, el recorrido del Sol por la elíptica aparece marcado en las constelaciones de estrellas fijas como una Serpiente de Dos Cabezas. Y es el día de hoy que, en las ruinas de Chichén Itzá, aún puede verse perfectamente, durante el ocaso del equinoccio, cómo una enorme y asombrosa serpiente de luz desciende del templo para bendecir la tierra fértil y anunciar un nuevo ciclo.

Fuente: SobreHistoria

¿Qué pasó en Georgia?

Cuando la Unión Soviética se desintegra en 1991, los múltiples estados y culturas que habían formado parte de ella durante décadas, comienzan a fracturarse internamente. Las divisiones arbitrarias, la superposición de culturas y religiones, la negación de la autonomía: motivos más que suficientes para que un sinfín de conflictos se desatara en Euroasia y se prolongaran hasta nuestros días.

En las repúblicas del sur de la ex Unión Soviética, la guerra civil estalló en 1992. Desde Moldavia en el oeste, a través de los países del Cáucaso de Georgia, Armenia y Azerbaiyán, hasta Tayikistán en la frontera afgana, se despertaron todo tipo de enemistades étnicas. La Unión Soviética se había desintegrado pero la tarea de imponer el orden todavía residía en Rusia, el país dominante de la zona. Boris Yeltsin, el presidente ruso, tenía que definir el papel de su nación.

Georgia al sur de Rusia

El problema de Yeltsin se remontaba a Joseph Stalin. Según el principio de “divide y vencerás”, Stalin trazó arbitrariamente las fronteras de las repúblicas soviéticas de la URSS dividiendo territorios que eran étnicamente homogéneos, y sembrando la semilla de los futuros enfrentamientos culturales y religiosos. Para ello, Stalin se preocupó de que en todas las repúblicas soviéticas la mayoría étnica estuviera equilibrada con una minoría significativa. Con este fin, promovió la emigración rusa a territorios lejanos.

Las consecuencias de esta política fueron desastrosas al caer la Unión Soviética que ataba a estos territorios. Por ejemplo, Nagorko-Karabaj, con una mayoría armenia cristiana, pasó a formar parte de Azerbaiyán, islámico, y a fines de los años ochenta se convirtió en el centro de una guerra brutal entre Azerbaiyán y Armenia. La región de Dniester, un reducto étnico ruso y ucraniano, fue fusionada con Moldavia, rumana, y estableció las bases para un futuro movimiento secesionista en los 90.

En Georgia, el presidente y antiguo ministro soviético de Asuntos Exteriores, heredó también este tipo de conflictos. Ossetia del Sur, que hasta 1990 era una zona autónoma (no independiente) de habla iraní dentro de Georgia, pidió la independencia de Georgia. Tras una serie de conflictos armados que incluyeron la intervención militar de Rusia (aliada a los separatistas de Ossetia), se firmó un acuerdo por el cual la zona quedaba “pacificada”, es decir, ocupada militarmente por tropas de “paz” tanto georgianas como rusas. Si bien se intentaba congelar el conflicto, las tensiones entre las demandas independentistas de Ossetia y el gobierno de Georgia siguieron aumentando en los últimos años.

Tanques rusos en Osetia

Mientras que la comunidad internacional continuaba sin aceptar la independencia de Ossetia del Sur, la región avanzaba sobre actos autónomos que lo acercaban a Rusia. El 7 de agosto pasado, mientras el mundo tenía sus ojos puestos en los Juegos Olímpicos de Beijing, el gobierno de Georgia aprovechó la situación global para avanzar militarmente sobre Ossetia y dar fin al movimiento separatista.

Se especula que las razones de este ataque pueden estar en la ambición de Georgia por pertenecer a la OTAN, a la cual no podrían acceder con los problemas internos que Ossetia del Sur representa para el gobierno. Lo cierto es que la agresión georgiana pronto puso en movimiento a las tropas rusas, despertando, como siempre, la intervención de los Estados Unidos. Actualmente, y según las declaraciones de Moscú, las tropas rusas ya se retiraron de la zona, y Georgia congeló nuevamente la situación, pero el desenlace continúa incierto.

Fuente: SobreHistoria

Rasputin, el “Monje Loco”

En 1907, el heredero del Imperio Ruso, un niño hemofílico de dos años, cayó gravemente enfermo con una hemorragia, y los médicos cortesanos eran incapaces de ayudarlo.

Rasputin fotografiado

Con cuatro antecedences familiares fallecidos a causa de la hemofilia, la zarina Alexandra se sentía terriblemente angustiada y culpable. Su único hijo, Alexis, había heredado la enfermedad. En su desesperación por salvarlo, la reina mandó a buscar a Grigory Yefimovich Rasputin, un campesino siberiano que se autoproclamaba hombre santo, y que ya era famoso en San Petersburgo desde hacía poco tiempo, donde sus particularidades lo habían convertido en un favorito de la aristocracia.

Rasputin llegó entonces a la sala del heredero enfermo, rezó unas oraciones, y sorprendentemente la hemorragia cesó. Ante semejante milagro, la zarina y el zar Nicolás II, respetaron a Rasputin desde ese instante y lo aceptaron en su círculo íntimo de la Corte. Alexandra, en particular, adoraba a Rasputin como si fuera un santo, y él obtuvo gracias a ella una enorme influencia política.

En 1915, tras haber salvado repetidamente a Alexis de múltiples hemorragias, el “monje loco” ya era uno de los hombres más poderosos de Rusia y llenó la corte de sus protegidos, cuya carencia de escrúpulos pronto despertaron el resentimiento de amplios sectores de la aristocracia.

Inevitablemente, su libertinaje y cuestionable comportamiento, desencadenó la ruina de Rasputin. Las historias de corrupciones circulaban por todas partes: el clero se pronunció contra él, los dirigentes políticos (preocupados por su influencia) imploraron al zar que lo desterrara de la Corte. Cuando los periódicos atacaron a Rasputin, Alexandra convenció a su marido de que los censurara. Sin embargo, la animosidad pública contra el “hombre santo” continuó creciendo.

En 1916, mientras se desencadenaba el nudo de la Primera Guerra Mundial, un grupo de líderes conservadores empezaron a temer que él y la zarina conspiraban para lograr la paz con Alemania. Entonces decidieron asesinarlo.

Felix Yusupov y su esposa Irina

Según lo que se dice, atrajeron a Rasputin a una casa particular y luego le ofrecieron comida envenenada. Como el “monje” no sucumbió tras ingerir el veneno, el mismo príncipe Felix Yusupov (foto de la derecha) le disparó con una pistola. A pesar de que varias balas salieran del arma, Rasputin no terminaba de morir. Finalmente, los conspiradores acabaron con él empujándolo al río Neva, donde se ahogó y murió.

Un año más tarde, la familia real de los Romanov era capturada para luego ser asesinada tras la Revolución Rusa. A partir de 1917, la corte zarista que alojó y mató a Rasputin se disolvió para siempre.

Fuente: SobreHistoria

La Piratería: Edad de Oro

Entre los siglos XVI y XIX, los piratas asolaron el tráfico marítimo y los puertos metropolitanos en América. Sus acciones, a menudo intrépidas, los convirtieron en una leyenda que, extrañamente, omite cualquier juicio de valor sobre sus actividades.

Si bien la edad de oro de la piratería suele fijarse entre 1690 y 1720, la práctica de apoderarse de la carga de otros barcos ya se hallaba muy difundida en la antigüedad, sobre todo en el mar Mediterráneo, donde los comerciantes, como los fenicios, traficaban cuantiosas cantidades de mercancías. También en el mundo grecorromano la actividad de los ladrones del mar registró períodos especialmente intensos. En la Edad Media, la piratería se identificó con las conquistas de los vikingos y de los árabes, y dio lugar a la formación de verdaderos Estados piratas, denominados berberiscos, que perdurarían hasta el siglo XIX. Pero fue la llegada europea al “Nuevo Mundo” y el inequitativo tráfico de mercancías entre América y España, lo que determinó el desarrollo de una imponente flota pirata.

En primer lugar, hay que aclarar que existe cierta confusión entre los términos corsario, bucanero y pirata, que a veces se consideran como sinónimos. Originariamente, las naves corsarias eran una unidad armada de propiedad privada que operaban durante la guerra con la patente de corso, es decir, el permiso de su Corona para atacar y capturar a los mercaderes enemigos. Un ejemplo de esto lo ofrece Francis Drake (1540- 1596), quien se convirtió en corsario a las órdenes de Elizabeth I. Por otro lado, los bucaneros (o filibusteros) operaban sin el respaldo gubernamental, pero a diferencia de los piratas, evitaban el ataque a ciertos barcos, por ejemplo los de su misma bandera o las aliadas. El comportamiento de los piratas, en cambio, no respondía a ningún tipo de norma estatal.

Durante mucho tiempo, el Caribe fue el paraíso de los ladrones del mar. Generalmente eran ingleses que hacían objeto de sus rapiñas a los españoles, pero en 1698 Inglaterra y España se aliaron momentáneamente, y por un breve período se puso coto a la impunidad de los corsarios en aquella zona. La piratería entonces se trasladó por un tiempo a norteamérica y al océano Indico, pero hacia 1716, los piratas concentraron nuevamente su atención en el Caribe, demostrando en parte que los conflictos entre reinos no se vinculaban con la actividad pirata.

A principios del siglo XVIII, situaron sus bases en la isla de New Providence, en las Bahamas. Según el gobernador de Virginia, había más de 2.000 piratas viviendo a lo largo de la playa, fuera de cualquier jurisdicción o ley. Partiendo de New Providence, atacaban a los numerosos buques mercantes en tránsito por el mar de las Antillas rumbo a las costas norteñas de América del Sur, las Indias Occidentales y los puertos de Europa y Norteamérica. Entre estos piratas caribeños se encontraban temibles capitanes como el famoso Barbanegra, de quien se dice que se ataba mechas de fuego en los cabellos y barbas para que su cabeza quedara envuelta en humo y su aspecto infundiera terror.

Tras las crecientes persecuciones a lo largo del Caribe, muchos piratas se movilizaron hacia las aguas africanas, donde en la costa occidental el comercio de esclavos entre europeos y africanos parecía prometer un elevado botín. Es aquí donde surge el primer relato de Bart el Negro, quien representó mejor que nadie la imagen estereotipada del pirata: chaleco suntuoso, calzones, sombrero oscuro, cadena de oro, cuatro pistolas y espada al cinto. Hasta el gobernador de Nueva Inglaterra decía de él: “No puede dejarse de admirarlo por su coraje y audacia”.

Más allá de los hechos, lo cierto es que el pirata se asocia desde su aparición con el estereotipo del hombre libre e independiente. A medio camino entre la realidad y la ficción, se ha originado una imagen mitológica de la piratería que hoy vemos plasmadas en recreaciones como la de Disneylandia y sus recientes películas de los Piratas del Caribe. Sin ir más lejos, la piratería informática de nuestros días tampoco es un delito grave para nuestra sociedad, incluso hay quienes la defienden frente al acopio de los grandes grupos económicos. El pirata, en todas sus variantes, se opone a través de la ilegalidad al monopolio económico, pero también se gana, a causa de ello, la admiración de los que repiten sus hazañas a lo largo de la historia y las convierten en leyenda.

Fuente: SobreHistoria

 


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